
Completamente merecido. Así podría resumirse la reciente consecución sevillista de la Supercopa de España. Un título que de conseguirlo muestra seguir en el mismo nivel de la pasada temporada, y de perderlo, siembra dudas sobre el nuevo proyecto que acba de arrancar. Y si no que se lo digan al Madrid... que por allá por el mes de junio prometía un cambio abismal y a una semana de comenzar la temporada liguera se muestra más inestable que en la época Capello. Porque en la era del italiano no se ofrecía un gran espectáculo, pero al menos todo el mundo sabíamos a lo que se jugaba. Ganar o ganar. Y así fue, Capello se fue del Bernabéu con una liga bajo el brazo y cumpliendo el objetivo para el que había venido. Él nunca prometió brillo, sino títulos: liga para Cibeles y Champions, pese a no ser como equipo ni el 60% de lo que eran los referentes del torneo, a las puertas por culpa de un error defensivo a los 7 segundos de comenzar el partido frente a un Bayern que, pese a efectivamente serlo, nunca demostró ser más conjunto.
El caso es que a 20 de agosto el Real Madrid ni tiene equipo, ni sistema..... ni ilusiona. Shuster no sabe a lo que juega y el madridismo se siente desconcertado de ver perder un partido tras otro a su club. Y así sucedió hoy en el Bernabéu: Robinho y Drenthe por la misma banda, la derecha vacía, Raúl de titular, Guti en el banco.... y otras mil cuestiones que desembocan en una auténtica lección futbolística del Sevilla, 5 goles encajados y dar a conocer al mundo las carencias del equipo. Y todo ello a una semana del derbie.... ¿Se comerá el alemán el turrón como entrenador blanco?....
Óscar Esteban Sanz
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